La fachada presentaba un desgaste acusado debido al paso del tiempo y a la falta de mantenimiento. Se detectaron fisuras en el revestimiento, problemas de adherencia en la pintura y un notable deterioro en los elementos de madera (contraventanas, marcos y aleros). La exposición a una carretera de mucho tránsito había acelerado el proceso de suciedad y envejecimiento.
El edificio ha recuperado toda su vitalidad y elegancia, con una fachada blanca luminosa que realza su valor estético y asegura una protección duradera frente a la intemperie. Los elementos de madera, tratados con esmero, muestran de nuevo su belleza y garantizan una mayor vida útil. El conjunto transmite frescura, cuidado y solidez, integrándose con armonía en su entorno.