Edificio de pequeña comunidad (dos propietarios) que presentaba diversas patologías en su fachada. La piedra estaba pintada y, por normativa municipal, era obligatorio recuperarla y ponerla en valor. Se trataba de una piedra arenisca muy blanda, lo que exigía una limpieza extremadamente delicada. Además, el soporte de la fachada presentaba una rugosidad muy marcada que dificultaba el acabado.
El edificio ganó en valor estético y patrimonial, recuperando la autenticidad de su piedra y mejorando de forma notable su imagen. Situado en segunda línea de mar, en la zona de la Côte des Basques, el inmueble cuenta ahora con una protección adecuada frente a la humedad y el ambiente salino. Gracias a la intervención, la comunidad dispone de una fachada duradera y de interiores más protegidos y saludables, garantizando la conservación del edificio durante muchos años.